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Si en lo primero que piensas cuando suena el teléfono es en la excusa que te vas a inventar cuando te pregunten por qué no contestaste, este es tu post.

“¿De verdad hay alguien que siga llamando por teléfono en el siglo XXI? Con la cantidad de canales de comunicación que tenemos: WhatsApp, Facebook, Telegram, Gmail... ¿por qué perder el tiempo llamando por teléfono como en el siglo pasado?”. Seguramente la mitad de la población española se identifique con este pensamiento. O quizás más porque según un informe de la Fundación Telefónica , el 95,1% de los españoles prefieren comunicarse a través de aplicaciones de mensajería instantánea. El 60% de la población envía mensajes instantáneos varias veces al día, mientras que un 24% llama por el móvil y solo un 12% utiliza el teléfono fijo para realizar llamadas.

Esta tendencia se acentúa cuando nos fijamos en los más jóvenes: el 97% de los menores de 25 años se comunica por WhatsApp, el 40% emplea el móvil y solo un 12% se decanta por el teléfono fijo.

Pero, ¿por qué odiamos hablar por teléfono? ¿Qué razones se esconden detrás de este cambio de hábitos?

Llamar por teléfono es intrusivo


Cuando alguien te llama por teléfono, está decidiendo por ti, interrumpiendo lo que estés haciendo en ese momento en pro de una conversación que tú no sabes en qué deparará. Las llamadas nos obligan de cierta manera a parar aquello que estemos haciendo para prestarles atención. Puede que estemos concentrados practicando deporte, leyendo un libro o simplemente hablando con otra persona, ¿qué se supone que tenemos que hacer si suena el teléfono? ¿Dejarlo todo por atender la llamada? No en estos tiempos. Hoy en día tenemos el derecho a no contestar al teléfono sin que sea considerado una falta de educación. Estábamos ocupados.

Respuestas inmediatas

Cuando alguien nos manda un mensaje, proponiéndonos un plan y/o pidiéndonos un favor, tenemos cierto margen de tiempo para decidir nuestra respuesta. Incluso, podemos releerla antes de enviarla o hasta editarla. Sin embargo, cuando esta conversación se produce a través de una llamada telefónica, tenemos que dar una respuesta inmediata.

Falta de comunicación no verbal


En las conversaciones telefónicas el tono de voz del interlocutor es toda la información de carácter no verbal con la que contamos para captar dobles sentidos, lo que se traduce en una falta de recursos comunicativos, sobre todo para las personas más introvertidas. Y no tenemos emoticonos, ni stickers, que nos ayuden.

Sabes cuando empiezan, pero no cuando acaban


Otro riesgo. Las llamadas siempre, siempre se alargan. Primero porque hay que ser educados, preguntar al otro qué tal le va, esperar a que responda y te pregunte lo mismo, etc... Luego ya vamos al motivo de la llamada, después se acuerda de otra cosa que quería comentarte... y suma y sigue. A esto hay que añadirle la despedida, que si llamas a tu madre se alargará hasta el infinito.

Silencios incómodos


En las aplicaciones de mensajería no hay silencios. Acabas de hablar de lo que querías y punto. Fin. Pero en las llamadas es otra cosa. Estáis hablando y de repente se produce un silencio incómodo que ninguno de los dos sabéis muy bien cómo llenar. "¿Por qué habré contestado?", piensas.

¿Y tú? ¿También odias hablar por teléfono o formas parte de la resistencia que escoge tarifas móviles con llamadas ilimitadas?

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